martes, 22 de julio de 2008
Cómo lograr un trabajo bien hecho?
En tiempos de apuro es bueno recordar que el líder no enseña con palabras sino con actos. Cuando Juan XXIII anunció el 25 de enero de 1959 la intención de convocar un Concilio Ecuménico, la Iglesia aprovechó para hacer un recuento de sus errores y dejar atrás el Concilio de Trento, trató de realizar un acto reflejo sobre sí misma para conocerse mejor, para definirse mejor y disponer sus sentimientos y preceptos. Fruto de ello se dice que quien no ha leído la Biblia ni el Concilio Vaticano II, no se puede decir ilustrado, dos de las maravillas del hombre para la humanidad. Aprendamos cómo se hacen bien las cosas: por los temas de deliberación fueron consultados por un año el Colegio cardenalicio, el Episcopado de toda la Iglesia Católica, los dicasterios de la Curia romana, los Superiores generales de las Ordenes Religiosas, las Universidades católicas y las Facultades eclesiásticas. Decididos los puntos de estudio fueron creados 15 organismo encargadas de elaborar los esquemas doctrinales y disciplinarios que se enviarían a los obispos para su estudio. Con la mole inmensa de 70 esquemas se abre el Concilio (junto al sepulcro de San Pedro y bajo la protección de la Virgen Santísima) que dura los otoños consecutivos de 1962-1965, participaron 2.500 obispos de todas partes del mundo, entre obispos, peritos, auditores y observadores de otras confesiones cristianas asciende a 3.500 los participantes (“y el que los trabajos conciliares transcurrieran en presencia de los observadores y escuchándolos, fue una exigencia permanente muy sensible para tener en cuenta lo común cristiano, sin ocultar lo católico necesario”) Se celebraron en total 168 congregaciones generales y 10 sesiones públicas. Los moderadores no eran simples animadores de la Asamblea encargados de repartir el tiempo de las intervenciones; dirigían y coordinaban los debates, respetando siempre la libertad de los Padres conciliares. A la muerte de Juan XXIII le sucede Pablo VI quien clausura solemnemente el Concilio con la ayuda de Dios y aprueban 4 constituciones, 9 decretos y 3 declaraciones. Ya vamos a cumplir medio siglo de la obra maestra que los prelados y decanos nos legaron para reunificar a los cristianos y lograr la unidad de los hermanos separados al tiempo que la Iglesia se puso al día y se renovó. Termino diciendo que para llegar a ser obispo se requiere un largo camino de sacrificio y sabiduría. “La Excelencia proporciona el motivo para realizar un trabajo eficaz y para facilitar las tareas que involucra.”
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